Cuando pedís una cotización solar, aparecen tres siglas parecidas que suelen generar confusión: kW, kWh y kWp. Entenderlas te va a ayudar a leer tu factura de luz y a comparar propuestas con criterio.
El kW (kilowatt) mide potencia, es decir, cuánta energía usa o entrega un equipo en un instante. Un aire acondicionado puede consumir 1 kW mientras está prendido, y un horno eléctrico, 2 kW. En tu factura, la potencia aparece como “capacidad de suministro” o “potencia contratada”, y define tu categoría tarifaria.
El kWh (kilowatt hora) mide energía, o sea, cuánta potencia usaste durante cuánto tiempo. Si ese aire de 1 kW funciona 5 horas, consume 5 kWh. Es lo que te cobra la distribuidora en el cargo variable de tu factura. Una forma simple de pensarlo es con un auto: el kW es la velocidad y el kWh, los kilómetros recorridos.
El kWp (kilowatt pico) mide la potencia máxima de una instalación solar en condiciones ideales de laboratorio: mucha radiación solar y temperatura controlada. Se calcula sumando la potencia de todos los paneles. Por ejemplo, 12 paneles de 550 W suman 6,6 kWp. En el techo, los paneles rara vez trabajan al 100%, porque influyen la hora del día, las nubes, la temperatura y la orientación.
¿Cómo se conectan estas unidades? En el Gran Buenos Aires, cada kWp instalado genera aproximadamente entre 1.200 y 1.400 kWh por año. Así, un sistema de 6,6 kWp produce cerca de 8.000 a 9.000 kWh anuales, unos 700 kWh por mes en promedio, con más generación en verano y menos en invierno.
En conclusión, el kWp te dice qué tan grande es la instalación, y el kWh, cuánto vas a ahorrar. Al comparar presupuestos, no mires solo la potencia: pedí siempre la generación anual estimada en kWh y comparala con el consumo de tu factura. Si querés que analicemos la tuya y te digamos qué sistema necesitás, contactanos y te armamos una propuesta a medida.


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